{"id":20988,"date":"2025-11-09T22:09:40","date_gmt":"2025-11-09T19:09:40","guid":{"rendered":"https:\/\/antofapop.cl\/?p=20988"},"modified":"2025-11-09T22:11:10","modified_gmt":"2025-11-09T19:11:10","slug":"hernan-rivera-letelier-el-obrero-de-las-letras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/antofapop.cl\/index.php\/2025\/11\/09\/hernan-rivera-letelier-el-obrero-de-las-letras\/","title":{"rendered":"Hern\u00e1n Rivera Letelier: el obrero de las letras"},"content":{"rendered":"<div class='booster-block booster-read-block'>\n                <div class=\"twp-read-time\">\n                \t<i class=\"booster-icon twp-clock\"><\/i> <span>Tiempo de Lectura:<\/span>5 Minutos, 21 Segundos                <\/div>\n\n            <\/div>\n<p><strong><em>El Premio Nacional de Literatura y uno de los 100 L\u00edderes Mayores, habla del duende que lo gu\u00eda, de la suerte que lo acompa\u00f1a y de la pampa que a\u00fan le dicta historias.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En la Maestranza Okus, en pleno centro de Antofagasta, hay una mesa que parece tener due\u00f1o sin tenerlo.<br>Cada d\u00eda, m\u00e1s o menos a la misma hora, se sienta all\u00ed un hombre menudo, de cabello blanco y mirada curiosa, que pide t\u00e9 Ceyl\u00e1n bien cargado, servido en copa larga de cortado, con az\u00facar.<br>A veces, cuando el fr\u00edo aprieta, cambia la orden por chocolate caliente y sopaipillas pasadas.<br>Am\u00e9rica, la cajera, lo ve entrar y ya sabe qu\u00e9 preparar.<br>\u201cSiempre lo mismo. Y siempre en el mismo lugar\u201d, dice sonriendo.<br>En la mesa hay tambi\u00e9n dulces de Pica con coco, los que compra en la esquina.<br>\u201cTiene sus man\u00edas, como todos los escritores\u201d, agrega Valentina, la mesera que, seg\u00fan cuenta, \u00e9l prometi\u00f3 incluir en un libro\u2026 y cumpli\u00f3.<br>Hay clientes que se acercan solo para mirarlo. Algunos susurran que est\u00e1 muerto.<br>\u201cCuando yo iba a la escuela, todos los poetas estaban muertos -responde \u00e9l entre risas- As\u00ed que entiendo que los lectores crean que yo tambi\u00e9n lo estoy.\u201d<br><strong>El ni\u00f1o del desierto<\/strong><br>Naci\u00f3 en Talca, en 1950, pero su historia comenz\u00f3 de verdad cuando, con apenas unos meses de vida, lleg\u00f3 con su familia a la oficina salitrera Algorta, en el coraz\u00f3n del desierto de Antofagasta.<br>All\u00ed aprendi\u00f3 a mirar, a escuchar, a so\u00f1ar. De ese polvo y de esas voces, a\u00f1os despu\u00e9s, nacer\u00eda una literatura que no se parece a ninguna otra.<br>\u201cSoy un obrero de la literatura\u201d, dice, sin grandilocuencia. \u201cAprend\u00ed a trabajar desde joven, y eso lo aplico a la escritura. Uno por ciento talento, cuarenta y nueve por ciento trabajo y cincuenta por ciento suerte.\u201d<br>Esa mezcla de esfuerzo y superstici\u00f3n lo define. \u201cHay que trabajar m\u00e1s que la cresta para que la inspiraci\u00f3n te encuentre haciendo algo. No sirve esperar: que te pille escribiendo.\u201d<br><strong>El duende que dicta<\/strong><br>Rivera Letelier no habla de inspiraci\u00f3n, habla de un duende. Ese personaje invisible, a medio camino entre lo m\u00edtico y lo \u00edntimo, que aparece solo si uno lo busca.<br>\u201cGarc\u00eda Lorca dec\u00eda que la musa inspira a los pintores y el \u00e1ngel a los escultores. Pero al duende hay que darle pelea. Por eso escribo todos los d\u00edas. Si no trabajo, el duende no aparece.\u201d<br>Y se demora lo que haga falta. Tard\u00f3 cuatro a\u00f1os en terminar La Reina Isabel cantaba rancheras, la novela que lo lanz\u00f3 a la fama y que, confiesa, le habr\u00eda encantado ver convertida en pel\u00edcula<br>\u201cEsa y La contadora de pel\u00edculas son como hijas. Pero no tengo favoritas. Pienso que mi obra maestra ser\u00e1 aquella que m\u00e1s se acerque a la belleza.\u201d<br><strong>El diario que no escribi\u00f3<\/strong><br>En los \u00faltimos a\u00f1os, su literatura se ha vuelto m\u00e1s \u00edntima. Trabaja en una serie autobiogr\u00e1fica de cuatro libros que recorre su vida por etapas: infancia, juventud, adultez y vejez.<br>\u201cEl primero llega hasta los 15 a\u00f1os. El segundo, Divino Tesoro, hasta los 36. Los que vienen completan el viaje.\u201d<br>Dice que no busca la nostalgia, sino dejar un rastro. Tampoco quiere hacer escuela, as\u00ed como no cree que haya alg\u00fan escritor que siga su pluma.<br>\u201cHe tenido la gran suerte de que mis historias crucen el mar y lleguen a Francia, Portugal, Grecia y Espa\u00f1a. Tuve la suerte que (escritor y periodista) Luis Sep\u00falveda leyera mi libro, le gustara y lo llevara a esos pa\u00edses, eso es suerte\u201d.<br><strong>Reconocimiento<\/strong><br>Hace unos d\u00edas en estas p\u00e1ginas, el nombre de Hern\u00e1n Rivera Letelier apareci\u00f3 entre los cinco representantes de la regi\u00f3n en la selecci\u00f3n de los 100 L\u00edderes Mayores que organiza la Pontificia Universidad Cat\u00f3lica de Chile y El Mercurio.<br>\u201cCada homenaje que recibo es como si me estuviera muriendo un poco, una palada de tierra m\u00e1s\u201d, se\u00f1ala con algo de iron\u00eda. Uno de sus mejores amigos, el actor Ra\u00fal Rocco, est\u00e1 sentado en una mesa cercana y mientras el escritor ofrece los dulces de Pica que Valentina le llev\u00f3 en un plato, sigue con su historia.<br>La misma que se cont\u00f3 en el lanzamiento de su \u00faltima obra, Divinos Tesoros de mi Juventud, en el Centro Cultural Estaci\u00f3n Fot\u00f3grafo de Cerros, la obra de su entre\u00f1able amigo y hoy finalista de Nuevos H\u00e9roes, Glenn Arcos.<br><strong>Lanzamiento<\/strong><br>Fue una noche especial, la cultura y sus gestores m\u00e1s destacados se reun\u00edan en una casa del pasaje Zenteno, que vest\u00eda de gala para participar del lanzamiento de su nuevo libro.<br>\u201cMe cuesta un poco m\u00e1s escribir ahora, pero a\u00fan me quedan historias por contar\u201d, lanza con una sonrisa en medio de la conversaci\u00f3n con Rocco y Arcos sobre un improvisado escenario.<br>En otro sector, un grupo de actores recrea algunas p\u00e1ginas del \u00faltimo libro, el p\u00fablico escucha en silencio, los personajes salen de escena, todos r\u00eden y luego aplauden.<br>Es que su nuevo libro es una obra en que su propia historia es la protagonista, ese diario de vida que nunca escribi\u00f3 y que, como la vida misma, tiene mucho de humor.<br>\u201cMientras escrib\u00eda, recordaba esas historias, con mis amigos, compa\u00f1eros de viaje a quienes me gusta incorporar en mi literatura\u201d, responde al micr\u00f3fono.<br>Arcos, emocionado retoma la conducci\u00f3n y comenta que hay que comenzar con la campa\u00f1a hacia el Premio Nobel de Literatura, ante lo cual el p\u00fablico vitorea entusiasmado.<br><strong>Entre el mito y la risa<\/strong><br>En el caf\u00e9 Okus, entre sorbos de t\u00e9, el escritor se r\u00ede de sus propios chistes \u2014\u201cchistes fomes\u201d, aclara Valentina\u2014 y responde con un simple \u201cestoy\u201d cuando alguien le pregunta c\u00f3mo se siente.<br>\u201cEscribir no es una carrera ni un oficio. Es un destino\u201d, dice. \u201cUno no puede dejar de hacerlo, aunque quiera. Es un vicio del que no se puede salir.\u201d<br>El destino de Hern\u00e1n est\u00e1 sellado, \u00e9l lo sabe, siempre lo ha sabido, por eso no es extra\u00f1o escucharlo decir que ese vicio \u201cme har\u00e1 escribir hasta que muera\u201d.<br>Afuera, el sol cae sobre las calles de Antofagasta y las palomas picotean las sombras.<br>Adentro, Hern\u00e1n Rivera Letelier sigue escribiendo mentalmente. No en una libreta, sino en esa memoria viva de la pampa que nunca lo abandon\u00f3.<br>Y mientras bebe su t\u00e9 Ceyl\u00e1n, el obrero de la literatura sonr\u00ede. No piensa en la fama ni en los premios. Piensa en el duende, en el polvo, en los trenes que se van al purgatorio.<br>Y, sobre todo, en seguir \u201cestando\u201d, como \u00e9l dice.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Premio Nacional de Literatura y uno de los 100 L\u00edderes Mayores, habla del duende que lo gu\u00eda, de la suerte que lo acompa\u00f1a y de la pampa que a\u00fan&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":20989,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":true,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[2,197],"tags":[10440,851,10437,2992,3685,2450,385,1062,292,10438,10439,480,2991],"class_list":["post-20988","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-antofagasta","category-libros","tag-duende","tag-hernan","tag-hernan-rivera-letelier","tag-letelier","tag-letras","tag-lideres","tag-literatura","tag-mayores","tag-nacional","tag-obrero","tag-okus","tag-premio","tag-rivera"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/antofapop.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20988"}],"collection":[{"href":"https:\/\/antofapop.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/antofapop.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/antofapop.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/antofapop.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=20988"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/antofapop.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20988\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":20991,"href":"https:\/\/antofapop.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20988\/revisions\/20991"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/antofapop.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/20989"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/antofapop.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=20988"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/antofapop.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=20988"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/antofapop.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=20988"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}