Crónica de Illarys Ferreira Acevedo.
El pasado 15 de mayo fue inaugurado el renovado Parque Las Almejas, ubicado en el sector sur de Antofagasta. La obra contempló una inversión de $5.658 millones, financiados a través del Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR), devolviendo a la comunidad uno de los espacios públicos más emblemáticos del borde costero de la ciudad.
Sin embargo, junto a la alegría por la reapertura, surgió una pregunta que acompañó a vecinos y autoridades durante la ceremonia, ¿por qué una obra tan esperada tardó más de diez años en concretarse? La historia del proyecto comenzó en 2015, cuando se presentó una iniciativa para recuperar parte del borde costero de Antofagasta, incluyendo el Balneario Municipal, el Parque Las Almejas y el Parque Croacia. La meta original era finalizar las obras en 2020, pero diversos rediseños, reevaluaciones y ajustes técnicos retrasaron su ejecución durante años.
La demora resulta aún más llamativa considerando que la Región de Antofagasta aporta cerca del 12% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional y concentra aproximadamente el 45% del PIB minero del país, posicionándo como uno de los principales motores económicos de Chile. Durante la inauguración, el gobernador regional, Ricardo Díaz, destacó que el proyecto tiene una larga historia y que fue fortalecido para entregar un mejor espacio a la comunidad. Por su parte, el alcalde de Antofagasta, Sacha Razmilic, recordó que la iniciativa nació hace más de una década y que durante su ejecución se incorporaron nuevas mejoras, especialmente en las áreas deportivas.
Pero más allá de las cifras y la infraestructura, el Parque Las Almejas representa parte de la memoria colectiva de la ciudad. Así lo expresó el concejal Camilo Kong durante la inauguración, “Para nosotros los antofagastinos, el Parque Las Almejas es identidad, patrimonio, los paseos de fin de semana. Aún recuerdo los años 90 en el Parque Las Almejas”. Sus palabras reflejan el significado que este espacio tiene para generaciones de habitantes que crecieron disfrutando del borde costero junto a sus familias.
Hoy, niños, deportistas y vecinos vuelven a recorrer sus senderos, ocupar sus áreas verdes y reencontrarse con un lugar que forma parte de la historia de Antofagasta. Después de diez años de espera, el Parque Las Almejas recupera su rol como punto de encuentro para la comunidad. Quizás la pregunta ya no sea solamente si valió la pena esperar una década por esta obra. La verdadera reflexión es cómo una región que aporta gran parte de la riqueza del país puede avanzar hacia una gestión más eficiente, capaz de responder con mayor rapidez a las necesidades de sus habitantes. Mientras tanto, Las Almejas vuelve a ocupar el lugar que nunca debió perder el de ser un espacio de identidad, patrimonio y encuentro para los antofagastinos.

